lunes 13 de febrero de 2012

Carlos Ibáñez del Campo y La Revolución de Septiembre de 1952

Jóvenes Ibañiztas levantan la escoba para barrer con la politiquería.
Conocida como "revolución de septiembre" fue denominado  el  arrasador triunfo que obtuvo en las elecciones presidenciales de  1952 el general (R) Carlos Ibáñez del Campo, quien fue apoyado por una variado espectro de fuerzas políticas e independientes. El "general de la esperanza" - como se le denominó - tal cual como su principal adversario Arturo Alessandri Palma, ocupó dos veces la silla presidencial. Ambos fueron figuras que marcaron medio siglo de la política en Chile. Ibáñez en su segundo gobierno, llegó a limpiar con el símbolo de la escoba la politiquería y la corrupción que afectaba a Chile, tal cual como Alessandri en el 1925 afirmaba que con su triunfo "se acabaría la bacanal parlamentaria", sin embargo su segundo gobierno no fue tan afortunado, rápidamente su figura fue perdiendo popularidad en las masas - posiblemente por su fuerte personalismo- y los partidos, movimientos y grupos que lo llevaron al poder, se deshicieron en pugnas internas por el poder, frustrando así el proyecto  nacional popular que representaba. En las siguientes elecciones, los votos le darán el triunfo a la derecha, apareciendo con ello la figura de Jorge Alessandri.

miércoles 8 de febrero de 2012

Socialistas y Vanguardistas en 1939

Socialistas y los ex nacistas de la VPS en 1939.
Fotografía que registra la presencia de una delegación de las "camisas de acero" grupo de choque del Partido Socialista de Chile, junto a un ofrenda floral en homenaje a los 59 jóvenes asesinados en la torre del seguro obrero, el lunes 5 de septiembre del año anterior(1938). Junto a esta delegación, los miembros de la Vanguardia Popular Socialista, ex Movimiento Nacional Socialista, encabezados por su Jefe Jorge Gonzalez Von Mareés. 
Se debe recordar que tras la masacre de la torre de la sangre, el jefe del nacismo llamó a los partidarios y a los  del ibañizmo a plegar sus votos en favor del abanderado del Frente Popular Pedro Aguirre Cerda, quien fue electo Presidente de la República por un estrecho margen de votos. La Vanguardia Popular Socialista VPS, desarrolló un estrecho lazos con  el partido Socialista e incluso Comunista durante la breve existencia del Frente Popular, recibiendo alguno de sus miembros cargos de importancia dentro del gobierno del Frente Popular.

La Escuela Profesional Salesiana de Valparaíso


Por Juan Bragassi

“(…) la Instrucción es para el pueblo lo que la levadura para la masa. La levadura puesta en medio de la masa y difundida por toda ella, la sazona, la levanta, la transforma en buen pan, que mañana será músculo y energía en el hombre. Pues del mismo modo la instrucción, si es buena y sana, se entiende, puesta al alcance del conglomerado social difundida por toda la masa del pueblo, lo dignifica, realza sus cualidades nativas y lo transforma en un pueblo civilizado”.
De: Las Escuelas Profesionales; En: Revista de las Escuelas Profesionales Salesianas “La Gratitud Nacional”; 1942 de la Biblioteca del Colegio Salesiano de Valparaíso.
A mediados de agosto del año 1894 recalaba en el puerto de Valparaíso el buque “Britannia”, en el cual habían viajado desde Italia una expedición compuesta por Espíritu Scavini, Fidel Riva, Domingo Soldati, Pascual Richetta, el clérigo Juan Manzoni, el coadjutor Juan Buffa y el novicio Francisco Fossa. Este grupo de salesianos dio origen a la primera escuela de talleres, la que se ubicó en la Quinta Waddington, propiedad donada por doña Juana Ross de Edwards.
Luego, en el año 1896, se ampliaba la obra con la sección de los estudiantes que, en el año 1902, sería transformada en un floreciente instituto Comercial.
A contar de 1888, desde el legado de dinero y tierras que la señora Antonia Ramírez dejó para los salesianos, comenzó el florecimiento de los talleres que en el 1944 se completaron con la creación del taller de mecánica, que para ese entonces sus establecimientos, estaban diseminados desde Iquique a Magallanes.
Sin embargo, la nota característica de la Obra Salesiana, son las Escuelas Profesionales, institución de orden social ideada con la finalidad del progreso moral y material del obrero.
“(…) los Estados Europeos instituyeron Escuelas de Artes y Oficios llamadas también Profesionales. Pero estas tuvieron entre otros, defectos muy graves desde su origen; demasiada instrucción técnica y poca o ninguna instrucción moral y religiosa y suntuosos edificios en contraste con su humilde origen”.
De: Las Escuelas Profesionales; En: Revista de las Escuelas Profesionales Salesianas “La Gratitud Nacional”; 1942 de la Biblioteca del Colegio Salesiano de Valparaíso.
Los Salesianos con sus Escuelas Profesionales, pretendían remediar lo que consideraban errores, a través de lo que vendría a ser una formación integral e inclusiva.
“ (…) para prevenir los conflictos entre el capital y el trabajo, se procura que en los mismos Colegios, a la sombra de los mismos campanarios, hermanados por la Religión, vivan artesanos y estudiantes, los obreros y los probables dueños del mañana, para que ya desde niños cuando no hay ni sombra de prejuicios, se traten y se quieran”.
De: Las Escuelas Profesionales; En: Revista de las Escuelas Profesionales Salesianas “La Gratitud Nacional”; 1942 de la Biblioteca del Colegio Salesiano de Valparaíso.
Respecto a los programas de estas escuelas profesionales, en ellas aplicaban dos programas dobles, los cuales consistían en: uno “Escolástico-Cultural” y otro “Didáctico-Profesional”.
El programa escolástico- cultural pretendía el adiestramiento industrial del alumno en sus variadas artes y oficios, se enseñaba al joven aprendiz obrero un cúmulo de nociones científicas generales y un grado de cultura, ocupando el programa escolástico de no menos cuatro horas, entre clases y estudios en las siguientes materias: Lengua nacional, Geografía, Historia, Aritmética y Urbanidad, sumándose en los niveles más altos: nociones elementales de Física, Química, Historia Natural, Sociología e Higiene.
Como es de suponer, esto se trata de una instrucción general, por ende no se dividían a los alumnos según sus profesiones, sino que eran agrupados de acuerdo con un criterio de capacidad y de instrucción individual.
Veamos qué importancia le confería al dibujo, para justificar dicho sistema era que: “ (…) conduce a la formación del gusto y del criterio artístico en el Obrero, abriéndole la puerta quizás, a empresas geniales y que tengan una marca personal y original, los que sin preparación en el dibujo, no podrían llevar a cabo”.
De: Las Escuelas Profesionales; En: Revista de las Escuelas Profesionales Salesianas “La Gratitud Nacional”; 1942 de la Biblioteca del Colegio Salesiano de Valparaíso.
En cuanto al programa didáctico-profesional, este se divide en variados programas especiales, en consideración a las profesiones que se enseñaban en dicha en la escuela profesional.
En lo práctico del trabajo, este consistía en la ejecución de una serie progresiva de ejercicios didácticos y de trabajo utilizables, que podían encontrar inmediatamente una aplicación práctica.
Al ejercicio práctico se añadía la escuela de teoría profesional, que se tenía como propósito de brindar conocimiento sobre los varios procedimientos del trabajo mismo, el conocimiento de la materia prima y los aparatos necesarios, máquinas en uso, presupuestos de gastos de los trabajos que se ejecutan etc.
Los Salesianos, cuando llevaba 50 años de existencia en Chile, ya poseía 19 prestigiosos centros, de los cuales 6 se dedican a las Artes y Oficios: Magallanes, Concepción, Talca, Santiago, Valparaíso y Serena. Los alumnos eran distribuidos en las secciones de Cerrajería, Tipografía, Prensa, Encuadernación, Mecánica, Electricidad, Carpintería y Sastrería.
En el caso de la escuela profesional de Valparaíso, se impartían los Talleres de Tipografía que contaba con las siguientes reparticiones: Cajas Inter tipo, Prensas y Encuadernación; de Mueblería y Ebanistería, de Sastrería, de Mecánica con las reparticiones de Cerrajería y Torno.
A través de un interesante artículo publicado en la Revista del “VIII Congreso Eucarístico” del año 1941, comprobamos la existencia en esa época del Taller de Imprenta iniciado el 17 de julio 1894 y que posteriormente derivará en la formación de la Especialidad Tipográfica de la Escuela Salesiana de la Gratitud Nacional, sede Valparaíso.
Dicha escuela, es posterior y se remonta al año 1897. Ella funcionó bajo el alero del Colegio Salesiano de Valparaíso, que por ese entonces estaba ubicado en el pasaje Don Bosco Nº 88 en la Avenida Argentina de Valparaíso – antiguo Paseo de las Delicias -, lugar cuyo nombre se debe a las personalidades de origen argentino que vivieron en el lugar y que como hemos visto en capítulos anteriores, tuvieron una importante participación en el desarrollo de la labor tipográfica y el desarrollo de la prensa escrita a partir de mediados del siglo XIX.
Allí vivió su exilio (1842 a 1853) don Juan Bautista Alberdi, el redactor de la Constitución Argentina, quien se ubicó en la finca Las Delicias y después a la altura del colegio San Rafael (1846) donde hasta hace poco funcionó el INACAP y ahora son dependencias de la municipalidad. De este personaje, se inauguró una estatua en su memoria el 28 de agosto de 1985.
En el sector del Liceo de Niñas vivió Domingo Faustino Sarmiento (Presidente de Argentina 1968 – 1874), el cual también estaba exiliado por la Dictadura que ejercía Rozas en Argentina.
Finalmente Bartolomé Mitre, Presidente de Argentina 1862 – 1868, mismo que en Valparaíso junto a Juan Bautista Alberdi, acometieron la tarea de fundar en 1847 un diario “El Comercio de Valparaíso.
Destacamos de este material escrito, su importancia en el establecimiento de un precedente dentro de nuestra comuna y región, comparable a lo ocurrido con la fundación de la Escuela de Artes y Oficios de Santiago, referido a la existencia en el sistema formal de educación, de un sistema de formación e instrucción técnica, que en caso particular que justifica esta investigación, está referido al oficio de tipógrafo, dentro del marco que es el establecimiento de una educación orientada hacia el ámbito del desarrollo económico. Preocupación que adquirirá una especial preocupación a partir de 1910.
Otros antecedentes, lo proporciona un breve escrito incluido en un anuario de 1945, el cual fue escrito por un alumno de cuarto año de la especialidad tipográfica.
En este texto, redactado por Marcial Sánchez nos entrega los antecedentes referidos al origen sobrio de dicho curso: “Unos dos o tres chivaletes, un rodón, una minúscula guillotina de palanca, una prensa, una perforadora y una pedalina, fueron las armas con que empezó, en 1897, su noble misión didáctica, de difusión y apostolado, este taller, por el cual han pasado varias generaciones de alumnos.”
De: Sánchez, Marcial; En: Anuario Escuelas Profesionales, Colegio Salesiano de Valparaíso, Especialidad Tipográfica; Ciudad de Valparaíso, 1945; Imprenta: Escuela Tipográfica La Gratitud Nacional.
En 1945, según lo descrito por este alumno, dicho taller ocupa el pabellón oriental del edificio del colegio, teniendo allí sus secciones de Cajas, Prensas, Encuadernación y Rayado última que hace mención a una técnica artesanal o si se quiere rudimentaria, para confección de planillas. Todo ello compuesto por una dotación de maquinarias y de materiales, conforme a las exigencias gráficas de la época.
Dicho curso contaba con Maestros con varios años de práctica, quienes asesoraban el aprendizaje de los alumnos, durante los cinco años, que dura el curso completo, período donde el alumno, tenía la oportunidad de familiarizarse con las grandes máquinas modernas de impresión automática de marca “Mercurio”, también con los complicados mecanismos de las linotipias e inter tipias, armonizándose, así, los conocimientos técnicos con las prácticas y adelantos del ramo gráfico.
De esas prensas salieron tanto trabajos comerciales, como obras, revistas y folletos relacionados con la congregación y la fe católica. No tenemos claro si de ella salió algún medio periodístico, relacionado con el partido conservador, como lo fue por ejemplo, el Diario La Unión cuyas imprentas y oficinas se encontraban en el edificio, donde actualmente funciona el Obispado de Valparaíso.
A continuación, el autor destaca “(…) La Sección Encuadernación ejecuta obras de verdadero mérito artístico. Libros en blanco, planillas en general y trabajos seleccionados tienen la sección Rayado en continua actividad (…) Con orgullo ostenta este Taller los bien merecidos elogios de críticos gráficos, especialmente por los trabajos que están saliendo, actualmente, de sus prensas que llevan con mucho prestigio su pie de Imprenta: Escuela Tipográfica La Gratitud Nacional”.
De: Sánchez, Marcial; En: Anuario Escuelas Profesionales, Colegio Salesiano de Valparaíso, Especialidad Tipográfica; Ciudad de Valparaíso, 1945; Imprenta: Escuela Tipográfica La Gratitud Nacional.
A continuación, dicho documento nos entrega una serie de interesantes registros fotográficos de los talleres de la escuela, las cuales son acompañadas con un distendido lenguaje referido a algunas características técnicas de maquinarias y de procedimientos en cuanto al ejercicio de la labor. Material que nos deja una noción más clara de la envergadura de lo que el autor denomina “el taller de imprenta”.
Aquí, más que músculos, se requiere gusto, para los distintos colores en paisajes dibujos. Gusto en la elección de tipos, e la compaginación, e las portadas. Es decir no se limita tan solo a la correcta aplicación de la técnica de la impresión de textos, sino que implica un servicio tecnológico integral, que eleva el ejercicio de este oficio, al concepto del “arte tipográfico” orientado a la producción de diarios, libros, y noticias.
Continuando con el relato del alumno de cuarto año, el autor expresa: “Es hermoso para aquel que entra a un taller de imprenta ver cómo se forman los moldes por medio de letras sueltas o ver la Linitype que a manera de un cuerpo humano, va tragando metal para devolverlo en líneas escritas, las prensas con sus impresiones, su velocidad, colores, la encuadernación con sus vistosas empastaduras, etc.
Nuestro taller se está enriqueciendo cada vez con nuevas y mejores máquinas. Ayer era una prensa “Poly” automática que apurándola de 2.500 copias por hora, hoy una Linotipia más que llega. “No la hemos pagado todavía, dice el P. Director, pero no importa. Don Bosco nos mandará un alma buena que nos ayude”.
Ahora, esperamos otra nueva Intertipia modernísima y se está buscando una dobladora y una prensa mercurio.
Para nosotros, todo esto es agradabilísimo y por lo que de nosotros depende no falta entusiasmo ni buena voluntad, para que nuestro taller progrese cada día más y más y así formamos siempre mejor para la vida práctica, nosotros los que soñamos con publicar, imprimir, redactar, ser dirigentes de algún diario o de alguna imprenta”.
De: Sánchez, Marcial; En: Anuario Escuelas Profesionales, Colegio Salesiano de Valparaíso, Especialidad Tipográfica; Ciudad de Valparaíso, 1945; Imprenta: Escuela Tipográfica La Gratitud Nacional.
Sin embargo, no todo ha sido sencillo, como hemos visto el autor manifiesta problemas referidos a la renovación de la maquinaria, al igual que en el presente sucede en muchos liceos e institutos técnicos, el cual inmediatamente nos hace derivar en el tema de los recursos económicos.
Por otro lado, en otro anuario de esta escuela profesional, fechado en 1953, donde se expone otro tipo de problema, el cual está relacionado con los oficios más cotizados por los jóvenes, situación que como sabemos, al final incide en el problema de matriculas y el déficit en la existencia en determinadas profesiones u oficios de mano de obra calificada.
“El joven coadjutor salesiano, Sr. Félix Frascarolo, - 25 años, residente desde 1948, egresado del Instituto de Magisterio Poligráfico Salesiano del Colle D. Bosco, ciudad natal del gran educador de la juventud - me proporciona datos interesantes sobre la crisis de candidatos para su taller. Las causas son múltiples. Ninguna profesión de tipo manual despierta tanto interés como la mecánica. El operario gráfico generalmente debe depender de una empresa, difícilmente puede instalarse solo el alumno egresado, y esa aspiración es la más acariciada por el joven moderno. Se agrega a eso la propaganda que se hace por sí sola la mecánica con sus máquinas, sus automóviles y sus garajes, el desconocimiento de la existencia de este taller, su equipo anticuado de maquinarias que no dicen nada al niño que viene a visitarlas, y un recelo tradicional hacia todo trabajo que requiere contacto con el plomo y antimonio, como nocivos para la salud”.
En: Anuario de las Escuelas Profesionales Salesianas “La Gratitud Nacional”; Santiago, Diciembre de 1953 de la Biblioteca del Colegio Salesiano de Valparaíso.
En cuanto al oficio y las áreas de acción que permite para su especialización, podemos identificar tres bien diferenciadas: el de cajista, prensista y encuadernador. Cada una de ellas exige su técnica separada.
Un buen cajista, debe poseer un sentido artístico acentuado para la disposición de “tipos” y colores, tal cual como el encuadernador precisa de un talento para la ejecución de trabajos artísticos en el ámbito manual y un sentido estético desarrollado.
La actividad de cajista, es explicado en el mismo anuario por parte de un alumno de primer año, llamado Jorge Díaz Del Río, de15 años de edad: “(…) - Le voy a explicar en qué consiste mi trabajo. Compongo «palabras» letra por letra, sacándolas de estos depósitos que Ud. ve aquí. Las letras están dispuestas en casilleros que tienen un orden convencional o de «frecuencia» según los idiomas, muy práctico para tipógrafos. Se usa más la «a» que la «e», la “e” que la “t”, la “t” que la “r”, etc., y según orden de frecuencia estarán más a la mano o menos.
Le voy a nombrar algunos ejercicios que estoy aprendiendo: conocer prácticamente el orden convencional tipográfico de las letras, «parar tipos» que es acostumbrarse a colocar las letras en esta herramienta que se llama «componedor». A este punto se empieza la verdadera composición tipográfica: se copia por ejemplo una página de un texto. Conozco ya diversas clases de composición: «epigráfica, acróstica, en versos, en prosa, para tarjetas, para afiches, etc.
Un trabajo más difícil es el «remiendo». Se llama así porque no tiene relación con la composición seguida de textos (…) Enrique García Salas del 4º año, está ejecutando una «planilla». Debe «dar blanco» a las líneas hechas en la linotipia, dando los espacios oportunos. El ejercicio siguiente es «compaginar» libros, es decir distribuir los «moldes» o «paquetes» que son las líneas de linotipia unidas una tras otras junto con los clichés, títulos, filetes, hasta darle la forma agradable de la página de un libro”.
En: Anuario de las Escuelas Profesionales Salesianas “La Gratitud Nacional”; Santiago, Diciembre de 1953 de la Biblioteca del Colegio Salesiano de Valparaíso.
En cuanto a la labor del prensista, dentro de este mismo anuario, encontramos una fresca descripción que nos despeja cualquier duda: “(…) Julio Frigerio Iturriaga está en 5º pero ingresó sólo el año pasado (…) Es prensista. Imprime los moldes que el jefe-cajista le entrega. Aprende a manejar las máquinas, ya sean de pedal o automáticas como una moderna «Nebiolo Audax» que imprime 8.000 copias por hora. Veo hermosas policromías amontonarse bajo los dedos ágiles de un joven que está en íntima sincronización de movimientos con su máquina de pedal (…)”.
En: Anuario de las Escuelas Profesionales Salesianas “La Gratitud Nacional”; Santiago, Diciembre de 1953 de la Biblioteca del Colegio Salesiano de Valparaíso.
La encuadernación es la técnica constructiva de los distintos géneros de encuadernación, desde los más simples a los más complicados (encuadernación de aficionado y encuadernación de cuero flexible) y de lujo todo en cuero.
Más allá de estos relatos que nos introducen en la experiencia de esta escuela y lo significativo en el ejercicio de este oficio, podemos generar a modo de conclusión la su importancia, que nos llevan a las raíces de la educación económica o de formación para el mundo del trabajo, el cual se viene a complementar con las escuelas obreras, realizadas por los jesuitas en el período de la colonia y la escuela de artes y oficios, creada ya en el Chile independiente y republicano.

Gustavo Ross Santa María y las Milicias Republicanas

Gustavo Ross Santa María junto a las Milicias Republicanas de Chile. 
Esta imagen registra la presencia del entonces ministro "Alessandrista" Gustavo Ross Santa María junto a miembros de las Milicias Republicanas de Chile.
 Santa María denominado por algunos como "el ministro del hambre" y por otros "el mago de las finanzas", desempeñó funciones en el  segundo gobierno del Presidente Arturo Alessandrí Palma, fue candidato presidencial gobiernista. En oposición el Frente Popular presentó a otro ex ministro de Alessandri - del primer gobierno - el radical Pedro Aguirre Cerda; mientras que la Alianza Popular Libertadora levantó la candidatura de Carlos Ibáñez de Campo.
Tras la masacre del seguro obrero, "aliancistas y frentistas" unieron fuerzas, derrotando por un estrecho margen de votos a don Gustavo Ross.
Fuente dela imagen: Revista Zig Zag.

sábado 28 de enero de 2012

Edmundo O¨kuinghttons: Las Milicias Republicanas en Chile

Milicia Republicana de Edmundo O¨kuinghttons.
El libro nos muestra en sus páginas una sucesión de hechos con una gran profusión de antecedentes que terminan con la creación de un ejército organizado e integrado por civiles cuyo objetivo fue oponerse a cualquier intento militar de participación en la política contingente. Esto, como producto de sus constantes irrupciones en la arena política nacional lo que mantuvo convulsionado al Chile de la época.
La composición de esta fuerza civil-militar fue organizada por la oligarquía chilena y su carácter fue pluriclasista, pluripartidista y antisitémica, lo que le permitió contar con mas de 80.000 hombres entre us filas, distribuidos en regimmientos desde Arica a Punta Arenas.
Se financiaba por el aporte de las empresas y aun cuando no se ha podido demostrar, por aportes gubernamentales.
El armamento lo compraban en forma particular a través de los clubes de tiro, cintaban con camiones, autos, aviones y una infraestructura que permitía acantonar a todos sus hombres.
Contó además con la aprobación de los tres poderes del estado y la desaprobación del Ejército, la Armada y el Partido Socialista quienes veían el peligro potencial de mantener civiles armados y bajo ningún control oficial.
El libro, ágil y ameno, nos introduce en los convulsionados acontecimientos de la época, entregándonos un relato apasionado y sis sesgo de esos tiempos.


Sobre el autor:

E. Antonio O´kuinghttons, es Coronel de Ejército en retiro, Oficial de Estado Mayor, Magíster en Ciencia Política de la Universidad de Chile, Magíster en Planificación y Gestión Estratégica de la Academia de Guerra, Licenciado en Ciencias Militares de la Academia de Guerra y Profesor de Organización y Personal; Diplomado en Administración de RR.HH. y de Empresas,   Diplomado en Organización y Métodos, Diplomado en Gestión y Administración  Educacional y Diplomado en Evaluación de Proyectos Sociales; Ha publicado varios artículos para la revista “Armas y Servicios” del Ejército; Editoriales semanales para el diario “El Centro” de Talca; Diferentes artículos para la publicación semestral del “Memorial” del Ejército” y Artículos para revistas extranjeras como el Military Review. Publicó el libro "Momep y la victoria de la paz" sobre el conflicto entre Ecuador y Perú ocurrido el año 1995.

http://www.fotolog.com/anto_nio/11999164

Don Federico Varela

Imagen de memoriachilena.cl
No cumpliríamos  con un sagrado deber si al lanar a la publicidad  nuestro modesto periódico no colocáramos en sus primeras páginas el retrato del distinguido caballero con  cuyo nombre encabezamos estas líneas y a cuya proverbial generosidad debemos el que el ideal que por tanto tiempo acariciamos se halla al fin realizado.
Este solo hecho bastaría para que le tributáramos este débil  homenaje de gratitud, si para ello no militasen, además, otras razones.
Educado el señor Varela en la escuela del rudo trabajo, ha conseguido, a fuerza de una constante labor, reunir una considerable fortuna puesta siempre al servicio de sus conciudadanos y de la nación en general.
Amante de su patria, no ha omitido sacrificio alguno para realizar algún hecho que venga a redundar en provecho de ella; así no es extraño que en su viaje al continente de los Reyes se afanara por adquirir en la capital del imperio Austro-Hungaro el antiguo mapa de Chile que hoy adorna las paredes de la Academia de Bellas Letras de Santiago; que gastara cuantiosas sumas por introducir en el país los pozos artesianos, esa obra magna que auguraba completar los tesoros que la naturaleza nos donara.
Amante del pueblo, ha trabajado sin  cesar por difundir en las masas populares el conocimiento de las ciencias, abriendo para ello, en la provincia de Atacama  una escuela que al presente sostiene con tanta contracción como en los primeros momentos de su fundación.
Comprendiendo que la instrucción de la juventud en el termómetro que marca la grandeza de los pueblos, ha protegido siempre toda idea que propenda a su progreso. Así, Valparaíso contara dentro de breves días con una magnifica academia de Bellas Letras, adonde  el talento y el estudio se dan cita para   compartir reunidos los saludables efluvio de la ciencia. El museo de esta provincia lo cuenta como uno de sus más constantes favorecedores y millares de instituciones de caridad repartidas en toda la republica, como bienhechor más asiduo.
Pero en donde el señor Varela ha tenido ocasión de mostrar grandeza de su alma de patriota, ha sido en la presente guerra. Acompañado de dos distinguidos ciudadanos, de los que nos ocuparemos en breve, dotó a nuestra Escuadra de las magnificas ametralladoras que hoy son el orgullo de nuestra marina. Pero al mismo tiempo que desembolsaba gruesas sumas para la adquisición de elementos que exterminaran por completo a nuestros enemigos, creaba los hospitales militares, orgullo de Valparaíso, y en donde el soldado-héroe encontraba un alivio a sus  dolores.
¡Qué obras colosales no tendríamos que enumerar si las escasas columnas de nuestro periódico lo permitieran!
Pero sus hechos, aunque siempre practicados bajo  el egoísta velo del misterio, son ya del dominio público, el cual en esta ocasión como que en muchas otras, ha sabido hacer justicia al mérito colocando al distinguido caballero a la altura a que sus virtudes, como ciudadano le dan derecho.
La patria agradecida lo ha distinguido como uno de sus representantes en el actual congreso, eligiéndolo como diputado por los departamentos de Copiapó y Caldera.
¡Ojalá que la conducta observada hasta el presente por el señor Varela y que no dudamos seguirá siendo su norma para el porvenir, encuentre imitadores porque con esto tendríamos asegurado el porvenir de Chile!
                                                                               
Publicación original Diario El Pensamiento 1881; Por Belisario Valdez ,1881. Selección y digitalización del texto: Marcelo Villalba Solanas.

viernes 23 de diciembre de 2011

Joaquín Edwards Bello: Recuerdos de la Guerra Civil de 1891

Joaquín Edwards Bello.

El siguiente texto, es una crónica titulada originalmente como “El Saqueo” publicada por el destacado y galardonado escritos nacional Joaquín Edwards Bello en 1937. En ella se registra importantes antecedentes sobre la guerra civil de 1891. Alguno de ellos son recuerdos de infancia, familiares y antecedentes que fueron recopilados por el autor y que tienen como escenario las ciudades de Valparaíso, Quilpué y Santiago de Chile. Dicha crónica, fue rescatada e incorporada a otras tantas de este autor, las que fueron publicadas como un libro  bajo el sello de la  Editorial Zig – Zag , en 1974, cuyo  título fue:  “Joaquín Edwards Bello: Nuevas Crónicas”.
Juan Bragassi Hurtado.

“Yo nací en el año del cólera, de la salida del tranque de Mena, la voladura del  Cal y Canto, etc. Darío acababa de lanzar desde los cerros de Valparaíso un grito azul a toda habla hispana. Balmaceda presidenciaba  La Moneda.
Cuatro años después de venir a esta mundo, en las circunstancias antedichas, estalló la revolución, 1891. Se concibe lo  que uno pispararía de la tragedia, no obstante los cortos años. Mi padre trabajó en el Banco Edwards, que tomó resueltamente el partido de los parlamentarios. Balmaceda dictó orden de prisión contra él y contra mi tío Jorge, que fue habido y encarcelado. Mi padre no fue habido. Nosotros pasamos ese tiempo entre Quilpué y Santiago. Primera visión de la guerra de mi infancia fue un piquete de soldados armados en la quinta campestre. Buscaban a mi padre y otros conspiradores. Registraron todo hasta los pozos.
Mi padre había comenzado su vida de minero, y terminó en banquero. Es  difícil  escribir sobre los aspectos familiares en Chile; no faltan nunca parientes siúticos que se alarman.
A veces hay mineros o banqueros artistas; mi padre pintaba cuadros originales con mucho gusto; nada de truchas, limones o floreros, sino cabezas y figuras humanas. Los pintores Gauguin y Cézanne eran hijos de banqueros. Corre un verso apropósito:
Cézanne le banquier
 ne voit pas sans fremir
derrière son comptoir
 naître un peintre d´avenir

Naturalmente  el hecho de dar los primeros pasos en medio de una revolución sangrienta influye en la psiquis del individuo. Por mucho que aíslen al niño para preservarle, hay hilitos que trascienden.
Balmaceda es, en muchos aspectos, un mito chileno. Está hecho en gran parte de razonamientos posteriores y comparaciones. En todo caso es el más solemne de nuestros políticos; hay en él  mayores elementos de grandeza personal. Unamuno le recordaba a Azaña el suicidio de Balmaceda. No todos tienen esos riñones.
El presidencialismo es un plaga, lo mismo, sino peor, que el parlamentarismo. Hay personas que creen que en política se debe escoger entre una plaga o la otra; yo creo que se puede vivir mejor sin ninguna de ellas, como en Suiza. Desde luego en nuestras costumbres políticas, es tan poco probable encontrar en el oficio a un hombre tan superior como para conferirle de la noche a la mañana el poderío de un zar de todas las Rusias. El solo hecho de que Balmaceda fracasara debe servirnos de escarmiento. Superiores a él o a Portales no encontraremos, en honradez, rectitud patriótica y desinterés personal. No obstante su talento y desinterés, Balmaceda se dejó devorar por el dragón de la locura cesárea y del continuismo: “O yo o nadie”.
Enfermedad chilena de Carrera, heredada por muchos. Balmaceda era un santiaguino, y eso puede apreciarlo mejor que otros un porteño.
Le agradaban las fantasías capilares, cosa muy santiaguina; dejarse melenas, patillas inglesas, bigotes de todas las formas. A veces, en enero, aparecía de abrigo moscovita, todo forrado de pieles hasta la tusa…Enorme orador, guaroso, imponente, le agradaba escucharse, lucirse. Su proximidad cohibía: daba vértigo.
Al comenzar las batallas que derrumbaron a tan hermoso ejemplar de estadista, yo estab en Quilpué. El jardinero de la quinta. Marcos Candia, salió una mañana con las pobladoras y cortó las líneas del telégrafo. Si lo pillan lo matan. Atentado sin consecuencias, costó la vida a don Ricardo Cumming.
Era una mañana ardiente cuando el jardinero nos dijo:
-          Vengan a ver…., allá arriba… ¿Alcanzan a divisar esos reflejos? Son las bayonetas de los opositores que van al puerto...
En efecto, las armas delos revolucionarios, que habían vadeado el Aconcagua, llenaban lo olorosos cerros de Quilpué.
En ese ambiente vine al mundo, y quienes que tenga el espíritu tan tonto como el de cualquier politiquero del momento. No, no. C´ est  toujours la même chose. El 90 por ciento de los chilenos aseguraba que Balmaceda era un canalla; que estaba ensoberbecido y que llevaba a la patria al caos de una dictadura personalista. Ahora el llaman mártir de la democracia, etc. En todo caso , no creo que puedan producirse en la actual sociedad hombres parecidos a él o a Portales. No les permitirían actuar ni un momento.
Todos en nuestra familia eran opositores. Juan Bello Rozas, marino; Emilio Bello Rozas, militar. Un retrato de Artigas une a los dos uniformes, el de tierra y mar; Juan de barbas doradas, romántico y a la vez enérgico; Emilio de bigote, la mirada altiva del adolescente orgulloso de sus galones.
El tío Juan se presentó una mañana en la casa de la Calle del Teatro, en Valparaíso. Nos llevaron a la pieza de los niños para que no pescáramos nada.
El tío Juan, de uniforme, revelaba extraña gravedad; él, tan alegre y cariñoso, que nos trajo juguetes de Europa. Se encerraron y conversaron un momento en voz baja. La escuadra se sublevó al día siguiente.
Otro retrato de militares, tomado más tarde, muestra al tío Emilio con la cabeza vendada y un brazo en cabestrillo.
Después de Concón y La placilla llegamos a Santiago, a la casa de mi abuelita, que actualmente se llama La Bahía; fuimos a buscar a mi padre y le llevamos en un coche quimérico, de esos de ruedas cuadradas, a la casa. El júbilo en Santiago era muy grande, pero eso no significaba nada. La multitud es tan tonta como su densidad y espesura. He visto igual júbilo cuando se fue Sanfuentes, cuando se fue Alessandri, cuando se fue Ibáñez, cuando llegó de nuevo Alessandri, cuando se fue Montero, etcétera.
Si no hay que creer en las lágrimas de mujer ni en la reguera de perro, menos vamos a creer en el júbilo de las multitudes.
La primera noche después de tanto júbilo, fue tétrica. Santiago era una ciudad de lindas mañanas y de noches tenebrosas. Un cochero  del taita Ramón trancó la enorme puerta cochera con cancela. Ahora esa puerta está guardada en la casa de mi madre, en la bodega. Una vez cerrada la casa, se oyeron gritos y tiros en la calle. ¿Abajo Vicuña, los Carrera, los Balmaceda! Pocos días antes gritaban: ¡Abajo los Matte, los Walker, los Besa! Eran los mismos.
Durante el día iba mucha gente a la casa; en el brazo derecho todos llevaban cinta roja.
No sería extraño que algún tonto lo que voy a  agregar: el glorioso Baquedano estaba algo mal y solía chochear. Las niñas dela casa le hacían bromas pesadas. La Bulnes y las Pinto eran terribles bromistas. Recuerdo haber visto a una de ellas sujetando a dos manos la puerta del retrete, en tanto Baquedano forcejeaba para salir.
Respecto a saqueo sostengo que nuestro pueblo es incapaz de idearlo. Es muy grave suponer hechos o acusar cuando no existe certeza alguna.
¿Quiénes idearon el saqueo a las casas balmacedistas? Hay quienes culpan a una dama de muchas campanillas. Se trata de una dama de primera fila que habitaba el palacio en cuya fachada luce actualmente el escudo de España.
Se dice que en sus salones se confeccionaron la lista de las casas saqueables. No sería imposible, por cuanto el saqueo de connotadas casas rivales implica una iniciativa rencorosa, propia de mujeres, y por ahí nos reforzamos en la idea del matriarcado. No creo que los hombres fraguaran esa venganza pequeña, de recámara.
Por lo demás, nuestro pueblo carece de iniciativa propia. Sería largo explicar por qué. La contextura colonial y la renovación por extranjeros le hacen  vivir en eterna duda respecto a sus méritos. Se siente inferior desde el momento en que recién llegado  se la gana y le regala al vasallaje.
El saqueo de 1891 se efectuó en condiciones de ceremonia policial metódica, de venganza santiaguina cuajada de pequeñas miserias, de envidias de tribu a tribu, de pequeñeces femeninas. El pueblo no podía sentir  sinceramente eso. Si el pueblo se decidiera a saquear  - lo que no es creíble-, lo haría en globo y sin distingos, por cuanto experimenta el mismo sentir hacia un rico, Así se llame Ciuffardini, Lisperguer, Tobalaba, Contreras o Israeli. Así y todo, es menester la concurrencia de una relajación extremosa de la autoridad para producir el humanomoto llamado saqueo.
Conozco  a una viejita casi centenaria. Esta persona cuenta el saqueo a la manera más divertida:
-          Delante iba la comisión con el joven que nos decía: “Aquí pueden entrar; pero no rompan nada”.
Después añadió:
-          Yo cambié el velador  que me entregaron por una colcha de seda.
En suma: el saqueo es invención y cuco de oligarcas.
Después ha sabido que la insigne dama doña Ana Swinburn de Jordán puso su lúcido talento y bondad al servicio de la cordura, procurando aplacar las pasiones de ese año nefasto: 1891”.