![]() |
| Imagen de memoriachilena.cl |
Este solo hecho bastaría para que le tributáramos este débil homenaje de gratitud, si para ello no militasen, además, otras razones.
Educado el señor Varela en la escuela del rudo trabajo, ha conseguido, a fuerza de una constante labor, reunir una considerable fortuna puesta siempre al servicio de sus conciudadanos y de la nación en general.
Amante de su patria, no ha omitido sacrificio alguno para realizar algún hecho que venga a redundar en provecho de ella; así no es extraño que en su viaje al continente de los Reyes se afanara por adquirir en la capital del imperio Austro-Hungaro el antiguo mapa de Chile que hoy adorna las paredes de la Academia de Bellas Letras de Santiago; que gastara cuantiosas sumas por introducir en el país los pozos artesianos, esa obra magna que auguraba completar los tesoros que la naturaleza nos donara.
Amante del pueblo, ha trabajado sin cesar por difundir en las masas populares el conocimiento de las ciencias, abriendo para ello, en la provincia de Atacama una escuela que al presente sostiene con tanta contracción como en los primeros momentos de su fundación.
Comprendiendo que la instrucción de la juventud en el termómetro que marca la grandeza de los pueblos, ha protegido siempre toda idea que propenda a su progreso. Así, Valparaíso contara dentro de breves días con una magnifica academia de Bellas Letras, adonde el talento y el estudio se dan cita para compartir reunidos los saludables efluvio de la ciencia. El museo de esta provincia lo cuenta como uno de sus más constantes favorecedores y millares de instituciones de caridad repartidas en toda la republica, como bienhechor más asiduo.
Pero en donde el señor Varela ha tenido ocasión de mostrar grandeza de su alma de patriota, ha sido en la presente guerra. Acompañado de dos distinguidos ciudadanos, de los que nos ocuparemos en breve, dotó a nuestra Escuadra de las magnificas ametralladoras que hoy son el orgullo de nuestra marina. Pero al mismo tiempo que desembolsaba gruesas sumas para la adquisición de elementos que exterminaran por completo a nuestros enemigos, creaba los hospitales militares, orgullo de Valparaíso, y en donde el soldado-héroe encontraba un alivio a sus dolores.
¡Qué obras colosales no tendríamos que enumerar si las escasas columnas de nuestro periódico lo permitieran!
Pero sus hechos, aunque siempre practicados bajo el egoísta velo del misterio, son ya del dominio público, el cual en esta ocasión como que en muchas otras, ha sabido hacer justicia al mérito colocando al distinguido caballero a la altura a que sus virtudes, como ciudadano le dan derecho.
La patria agradecida lo ha distinguido como uno de sus representantes en el actual congreso, eligiéndolo como diputado por los departamentos de Copiapó y Caldera.
¡Ojalá que la conducta observada hasta el presente por el señor Varela y que no dudamos seguirá siendo su norma para el porvenir, encuentre imitadores porque con esto tendríamos asegurado el porvenir de Chile!

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada