miércoles 8 de febrero de 2012

La Escuela Profesional Salesiana de Valparaíso


Por Juan Bragassi

“(…) la Instrucción es para el pueblo lo que la levadura para la masa. La levadura puesta en medio de la masa y difundida por toda ella, la sazona, la levanta, la transforma en buen pan, que mañana será músculo y energía en el hombre. Pues del mismo modo la instrucción, si es buena y sana, se entiende, puesta al alcance del conglomerado social difundida por toda la masa del pueblo, lo dignifica, realza sus cualidades nativas y lo transforma en un pueblo civilizado”.
De: Las Escuelas Profesionales; En: Revista de las Escuelas Profesionales Salesianas “La Gratitud Nacional”; 1942 de la Biblioteca del Colegio Salesiano de Valparaíso.
A mediados de agosto del año 1894 recalaba en el puerto de Valparaíso el buque “Britannia”, en el cual habían viajado desde Italia una expedición compuesta por Espíritu Scavini, Fidel Riva, Domingo Soldati, Pascual Richetta, el clérigo Juan Manzoni, el coadjutor Juan Buffa y el novicio Francisco Fossa. Este grupo de salesianos dio origen a la primera escuela de talleres, la que se ubicó en la Quinta Waddington, propiedad donada por doña Juana Ross de Edwards.
Luego, en el año 1896, se ampliaba la obra con la sección de los estudiantes que, en el año 1902, sería transformada en un floreciente instituto Comercial.
A contar de 1888, desde el legado de dinero y tierras que la señora Antonia Ramírez dejó para los salesianos, comenzó el florecimiento de los talleres que en el 1944 se completaron con la creación del taller de mecánica, que para ese entonces sus establecimientos, estaban diseminados desde Iquique a Magallanes.
Sin embargo, la nota característica de la Obra Salesiana, son las Escuelas Profesionales, institución de orden social ideada con la finalidad del progreso moral y material del obrero.
“(…) los Estados Europeos instituyeron Escuelas de Artes y Oficios llamadas también Profesionales. Pero estas tuvieron entre otros, defectos muy graves desde su origen; demasiada instrucción técnica y poca o ninguna instrucción moral y religiosa y suntuosos edificios en contraste con su humilde origen”.
De: Las Escuelas Profesionales; En: Revista de las Escuelas Profesionales Salesianas “La Gratitud Nacional”; 1942 de la Biblioteca del Colegio Salesiano de Valparaíso.
Los Salesianos con sus Escuelas Profesionales, pretendían remediar lo que consideraban errores, a través de lo que vendría a ser una formación integral e inclusiva.
“ (…) para prevenir los conflictos entre el capital y el trabajo, se procura que en los mismos Colegios, a la sombra de los mismos campanarios, hermanados por la Religión, vivan artesanos y estudiantes, los obreros y los probables dueños del mañana, para que ya desde niños cuando no hay ni sombra de prejuicios, se traten y se quieran”.
De: Las Escuelas Profesionales; En: Revista de las Escuelas Profesionales Salesianas “La Gratitud Nacional”; 1942 de la Biblioteca del Colegio Salesiano de Valparaíso.
Respecto a los programas de estas escuelas profesionales, en ellas aplicaban dos programas dobles, los cuales consistían en: uno “Escolástico-Cultural” y otro “Didáctico-Profesional”.
El programa escolástico- cultural pretendía el adiestramiento industrial del alumno en sus variadas artes y oficios, se enseñaba al joven aprendiz obrero un cúmulo de nociones científicas generales y un grado de cultura, ocupando el programa escolástico de no menos cuatro horas, entre clases y estudios en las siguientes materias: Lengua nacional, Geografía, Historia, Aritmética y Urbanidad, sumándose en los niveles más altos: nociones elementales de Física, Química, Historia Natural, Sociología e Higiene.
Como es de suponer, esto se trata de una instrucción general, por ende no se dividían a los alumnos según sus profesiones, sino que eran agrupados de acuerdo con un criterio de capacidad y de instrucción individual.
Veamos qué importancia le confería al dibujo, para justificar dicho sistema era que: “ (…) conduce a la formación del gusto y del criterio artístico en el Obrero, abriéndole la puerta quizás, a empresas geniales y que tengan una marca personal y original, los que sin preparación en el dibujo, no podrían llevar a cabo”.
De: Las Escuelas Profesionales; En: Revista de las Escuelas Profesionales Salesianas “La Gratitud Nacional”; 1942 de la Biblioteca del Colegio Salesiano de Valparaíso.
En cuanto al programa didáctico-profesional, este se divide en variados programas especiales, en consideración a las profesiones que se enseñaban en dicha en la escuela profesional.
En lo práctico del trabajo, este consistía en la ejecución de una serie progresiva de ejercicios didácticos y de trabajo utilizables, que podían encontrar inmediatamente una aplicación práctica.
Al ejercicio práctico se añadía la escuela de teoría profesional, que se tenía como propósito de brindar conocimiento sobre los varios procedimientos del trabajo mismo, el conocimiento de la materia prima y los aparatos necesarios, máquinas en uso, presupuestos de gastos de los trabajos que se ejecutan etc.
Los Salesianos, cuando llevaba 50 años de existencia en Chile, ya poseía 19 prestigiosos centros, de los cuales 6 se dedican a las Artes y Oficios: Magallanes, Concepción, Talca, Santiago, Valparaíso y Serena. Los alumnos eran distribuidos en las secciones de Cerrajería, Tipografía, Prensa, Encuadernación, Mecánica, Electricidad, Carpintería y Sastrería.
En el caso de la escuela profesional de Valparaíso, se impartían los Talleres de Tipografía que contaba con las siguientes reparticiones: Cajas Inter tipo, Prensas y Encuadernación; de Mueblería y Ebanistería, de Sastrería, de Mecánica con las reparticiones de Cerrajería y Torno.
A través de un interesante artículo publicado en la Revista del “VIII Congreso Eucarístico” del año 1941, comprobamos la existencia en esa época del Taller de Imprenta iniciado el 17 de julio 1894 y que posteriormente derivará en la formación de la Especialidad Tipográfica de la Escuela Salesiana de la Gratitud Nacional, sede Valparaíso.
Dicha escuela, es posterior y se remonta al año 1897. Ella funcionó bajo el alero del Colegio Salesiano de Valparaíso, que por ese entonces estaba ubicado en el pasaje Don Bosco Nº 88 en la Avenida Argentina de Valparaíso – antiguo Paseo de las Delicias -, lugar cuyo nombre se debe a las personalidades de origen argentino que vivieron en el lugar y que como hemos visto en capítulos anteriores, tuvieron una importante participación en el desarrollo de la labor tipográfica y el desarrollo de la prensa escrita a partir de mediados del siglo XIX.
Allí vivió su exilio (1842 a 1853) don Juan Bautista Alberdi, el redactor de la Constitución Argentina, quien se ubicó en la finca Las Delicias y después a la altura del colegio San Rafael (1846) donde hasta hace poco funcionó el INACAP y ahora son dependencias de la municipalidad. De este personaje, se inauguró una estatua en su memoria el 28 de agosto de 1985.
En el sector del Liceo de Niñas vivió Domingo Faustino Sarmiento (Presidente de Argentina 1968 – 1874), el cual también estaba exiliado por la Dictadura que ejercía Rozas en Argentina.
Finalmente Bartolomé Mitre, Presidente de Argentina 1862 – 1868, mismo que en Valparaíso junto a Juan Bautista Alberdi, acometieron la tarea de fundar en 1847 un diario “El Comercio de Valparaíso.
Destacamos de este material escrito, su importancia en el establecimiento de un precedente dentro de nuestra comuna y región, comparable a lo ocurrido con la fundación de la Escuela de Artes y Oficios de Santiago, referido a la existencia en el sistema formal de educación, de un sistema de formación e instrucción técnica, que en caso particular que justifica esta investigación, está referido al oficio de tipógrafo, dentro del marco que es el establecimiento de una educación orientada hacia el ámbito del desarrollo económico. Preocupación que adquirirá una especial preocupación a partir de 1910.
Otros antecedentes, lo proporciona un breve escrito incluido en un anuario de 1945, el cual fue escrito por un alumno de cuarto año de la especialidad tipográfica.
En este texto, redactado por Marcial Sánchez nos entrega los antecedentes referidos al origen sobrio de dicho curso: “Unos dos o tres chivaletes, un rodón, una minúscula guillotina de palanca, una prensa, una perforadora y una pedalina, fueron las armas con que empezó, en 1897, su noble misión didáctica, de difusión y apostolado, este taller, por el cual han pasado varias generaciones de alumnos.”
De: Sánchez, Marcial; En: Anuario Escuelas Profesionales, Colegio Salesiano de Valparaíso, Especialidad Tipográfica; Ciudad de Valparaíso, 1945; Imprenta: Escuela Tipográfica La Gratitud Nacional.
En 1945, según lo descrito por este alumno, dicho taller ocupa el pabellón oriental del edificio del colegio, teniendo allí sus secciones de Cajas, Prensas, Encuadernación y Rayado última que hace mención a una técnica artesanal o si se quiere rudimentaria, para confección de planillas. Todo ello compuesto por una dotación de maquinarias y de materiales, conforme a las exigencias gráficas de la época.
Dicho curso contaba con Maestros con varios años de práctica, quienes asesoraban el aprendizaje de los alumnos, durante los cinco años, que dura el curso completo, período donde el alumno, tenía la oportunidad de familiarizarse con las grandes máquinas modernas de impresión automática de marca “Mercurio”, también con los complicados mecanismos de las linotipias e inter tipias, armonizándose, así, los conocimientos técnicos con las prácticas y adelantos del ramo gráfico.
De esas prensas salieron tanto trabajos comerciales, como obras, revistas y folletos relacionados con la congregación y la fe católica. No tenemos claro si de ella salió algún medio periodístico, relacionado con el partido conservador, como lo fue por ejemplo, el Diario La Unión cuyas imprentas y oficinas se encontraban en el edificio, donde actualmente funciona el Obispado de Valparaíso.
A continuación, el autor destaca “(…) La Sección Encuadernación ejecuta obras de verdadero mérito artístico. Libros en blanco, planillas en general y trabajos seleccionados tienen la sección Rayado en continua actividad (…) Con orgullo ostenta este Taller los bien merecidos elogios de críticos gráficos, especialmente por los trabajos que están saliendo, actualmente, de sus prensas que llevan con mucho prestigio su pie de Imprenta: Escuela Tipográfica La Gratitud Nacional”.
De: Sánchez, Marcial; En: Anuario Escuelas Profesionales, Colegio Salesiano de Valparaíso, Especialidad Tipográfica; Ciudad de Valparaíso, 1945; Imprenta: Escuela Tipográfica La Gratitud Nacional.
A continuación, dicho documento nos entrega una serie de interesantes registros fotográficos de los talleres de la escuela, las cuales son acompañadas con un distendido lenguaje referido a algunas características técnicas de maquinarias y de procedimientos en cuanto al ejercicio de la labor. Material que nos deja una noción más clara de la envergadura de lo que el autor denomina “el taller de imprenta”.
Aquí, más que músculos, se requiere gusto, para los distintos colores en paisajes dibujos. Gusto en la elección de tipos, e la compaginación, e las portadas. Es decir no se limita tan solo a la correcta aplicación de la técnica de la impresión de textos, sino que implica un servicio tecnológico integral, que eleva el ejercicio de este oficio, al concepto del “arte tipográfico” orientado a la producción de diarios, libros, y noticias.
Continuando con el relato del alumno de cuarto año, el autor expresa: “Es hermoso para aquel que entra a un taller de imprenta ver cómo se forman los moldes por medio de letras sueltas o ver la Linitype que a manera de un cuerpo humano, va tragando metal para devolverlo en líneas escritas, las prensas con sus impresiones, su velocidad, colores, la encuadernación con sus vistosas empastaduras, etc.
Nuestro taller se está enriqueciendo cada vez con nuevas y mejores máquinas. Ayer era una prensa “Poly” automática que apurándola de 2.500 copias por hora, hoy una Linotipia más que llega. “No la hemos pagado todavía, dice el P. Director, pero no importa. Don Bosco nos mandará un alma buena que nos ayude”.
Ahora, esperamos otra nueva Intertipia modernísima y se está buscando una dobladora y una prensa mercurio.
Para nosotros, todo esto es agradabilísimo y por lo que de nosotros depende no falta entusiasmo ni buena voluntad, para que nuestro taller progrese cada día más y más y así formamos siempre mejor para la vida práctica, nosotros los que soñamos con publicar, imprimir, redactar, ser dirigentes de algún diario o de alguna imprenta”.
De: Sánchez, Marcial; En: Anuario Escuelas Profesionales, Colegio Salesiano de Valparaíso, Especialidad Tipográfica; Ciudad de Valparaíso, 1945; Imprenta: Escuela Tipográfica La Gratitud Nacional.
Sin embargo, no todo ha sido sencillo, como hemos visto el autor manifiesta problemas referidos a la renovación de la maquinaria, al igual que en el presente sucede en muchos liceos e institutos técnicos, el cual inmediatamente nos hace derivar en el tema de los recursos económicos.
Por otro lado, en otro anuario de esta escuela profesional, fechado en 1953, donde se expone otro tipo de problema, el cual está relacionado con los oficios más cotizados por los jóvenes, situación que como sabemos, al final incide en el problema de matriculas y el déficit en la existencia en determinadas profesiones u oficios de mano de obra calificada.
“El joven coadjutor salesiano, Sr. Félix Frascarolo, - 25 años, residente desde 1948, egresado del Instituto de Magisterio Poligráfico Salesiano del Colle D. Bosco, ciudad natal del gran educador de la juventud - me proporciona datos interesantes sobre la crisis de candidatos para su taller. Las causas son múltiples. Ninguna profesión de tipo manual despierta tanto interés como la mecánica. El operario gráfico generalmente debe depender de una empresa, difícilmente puede instalarse solo el alumno egresado, y esa aspiración es la más acariciada por el joven moderno. Se agrega a eso la propaganda que se hace por sí sola la mecánica con sus máquinas, sus automóviles y sus garajes, el desconocimiento de la existencia de este taller, su equipo anticuado de maquinarias que no dicen nada al niño que viene a visitarlas, y un recelo tradicional hacia todo trabajo que requiere contacto con el plomo y antimonio, como nocivos para la salud”.
En: Anuario de las Escuelas Profesionales Salesianas “La Gratitud Nacional”; Santiago, Diciembre de 1953 de la Biblioteca del Colegio Salesiano de Valparaíso.
En cuanto al oficio y las áreas de acción que permite para su especialización, podemos identificar tres bien diferenciadas: el de cajista, prensista y encuadernador. Cada una de ellas exige su técnica separada.
Un buen cajista, debe poseer un sentido artístico acentuado para la disposición de “tipos” y colores, tal cual como el encuadernador precisa de un talento para la ejecución de trabajos artísticos en el ámbito manual y un sentido estético desarrollado.
La actividad de cajista, es explicado en el mismo anuario por parte de un alumno de primer año, llamado Jorge Díaz Del Río, de15 años de edad: “(…) - Le voy a explicar en qué consiste mi trabajo. Compongo «palabras» letra por letra, sacándolas de estos depósitos que Ud. ve aquí. Las letras están dispuestas en casilleros que tienen un orden convencional o de «frecuencia» según los idiomas, muy práctico para tipógrafos. Se usa más la «a» que la «e», la “e” que la “t”, la “t” que la “r”, etc., y según orden de frecuencia estarán más a la mano o menos.
Le voy a nombrar algunos ejercicios que estoy aprendiendo: conocer prácticamente el orden convencional tipográfico de las letras, «parar tipos» que es acostumbrarse a colocar las letras en esta herramienta que se llama «componedor». A este punto se empieza la verdadera composición tipográfica: se copia por ejemplo una página de un texto. Conozco ya diversas clases de composición: «epigráfica, acróstica, en versos, en prosa, para tarjetas, para afiches, etc.
Un trabajo más difícil es el «remiendo». Se llama así porque no tiene relación con la composición seguida de textos (…) Enrique García Salas del 4º año, está ejecutando una «planilla». Debe «dar blanco» a las líneas hechas en la linotipia, dando los espacios oportunos. El ejercicio siguiente es «compaginar» libros, es decir distribuir los «moldes» o «paquetes» que son las líneas de linotipia unidas una tras otras junto con los clichés, títulos, filetes, hasta darle la forma agradable de la página de un libro”.
En: Anuario de las Escuelas Profesionales Salesianas “La Gratitud Nacional”; Santiago, Diciembre de 1953 de la Biblioteca del Colegio Salesiano de Valparaíso.
En cuanto a la labor del prensista, dentro de este mismo anuario, encontramos una fresca descripción que nos despeja cualquier duda: “(…) Julio Frigerio Iturriaga está en 5º pero ingresó sólo el año pasado (…) Es prensista. Imprime los moldes que el jefe-cajista le entrega. Aprende a manejar las máquinas, ya sean de pedal o automáticas como una moderna «Nebiolo Audax» que imprime 8.000 copias por hora. Veo hermosas policromías amontonarse bajo los dedos ágiles de un joven que está en íntima sincronización de movimientos con su máquina de pedal (…)”.
En: Anuario de las Escuelas Profesionales Salesianas “La Gratitud Nacional”; Santiago, Diciembre de 1953 de la Biblioteca del Colegio Salesiano de Valparaíso.
La encuadernación es la técnica constructiva de los distintos géneros de encuadernación, desde los más simples a los más complicados (encuadernación de aficionado y encuadernación de cuero flexible) y de lujo todo en cuero.
Más allá de estos relatos que nos introducen en la experiencia de esta escuela y lo significativo en el ejercicio de este oficio, podemos generar a modo de conclusión la su importancia, que nos llevan a las raíces de la educación económica o de formación para el mundo del trabajo, el cual se viene a complementar con las escuelas obreras, realizadas por los jesuitas en el período de la colonia y la escuela de artes y oficios, creada ya en el Chile independiente y republicano.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

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Adios

Anónimo dijo...

Tremendo sitio! gracias por difundir este tipo de contenidos...