viernes 15 de abril de 2011

Orígenes de la Imprenta Tipográfica en Chile


Por Juan Bragassi H.

Explorando en los orígenes de la tipografía, comprobamos que ella se relaciona con la creación de la primera imprenta en oriente, hace más de mil cuatrocientos años, teniendo como principal centro de su origen el entonces basto imperio Chino.

En occidente, la historia de la imprenta se remonta a poco más de quinientos años atrás, a partir del contacto comercial generado en el siglo XII, por la acción de exploradores como el veneciano Marco Polo.

Mucho más reciente, es la presencia de este sistema de impresión en nuestra América, el cual se remonta aproximadamente, ha cuatrocientos setenta años atrás en la actual ciudad de México. Debemos considerar que ello sucedió aproximadamente cien años después de que Gutemberg mandara hacer a un tornero su famosa imprenta, compuesta de “tipos” móviles de plomo fundido, los que se unían uno a uno, formando palabras en relieve en la llamada “Galera de composición”, para poder imprimir con ella el papel.

Antes de la innovación realizada por Gutemberg, estos tipos móviles eran hechos en madera tallada. Este sistema de impresión sobre relieve, es denominado en la empresa gráfica: “composición tipográfica”.

El sistema de impresión tipográfica utilizado por Gutemberg en Europa, con el cual había realizado la impresión un siglo antes de la Biblia, fue el mismo que se importó a nuestra América Hispana.

En cuanto a Chile, la primera imprenta tipográfica como tal llega en 1810 en plena patria vieja, período de Independencia, momento en que los ideólogos de la época tenían la necesidad de transmitir sus pensamientos a las clases criollas ilustradas.

Poco tiempo después, en el año 1811, se funda el primer periódico nacional: “La Aurora de Chile”, donde se destaca como figura precursora, el sacerdote Valdiviano formado en el Virreinato del Perú, Fray Camilo Henríquez. Dicho medio fue determinante en la época, para hacer propagar las ideas revolucionarias en favor de la libertad, la independencia y construir los valores de la nueva nación chilena, contribuyendo así a la formación de su identidad y la manera en que hoy nos percibimos.

Sin embargo, a medida que profundizamos en el tema, descubrimos con bastante asombro, la existencia previa a este importante acontecimiento, la presencia en la entonces Capitanía de Chile, de reducidos opúsculos impresos, que vendrían a constituir los primeros ensayos que tuvo Chile sobre este sistema de impresión tipográfica, antecedentes que se remontan al siglo XVIII.

Efectivamente, variados estudios históricos hacen mención sobre la presencia de una imprenta de naipes que existió en la capital – Santiago de la Nueva Extremadura -, cuyo dueño se piensa que fue don José Reyes, personalidad que habría impreso cartas de barajas con moldes de madera, sustituyendo después dichos moldes, por tipos en bronce.

Otro ejemplo, son una hoja impresa en Santiago, fechada en 1776, con el título “Modo Ganar el Jubileo Santo”; una esquela de dieciocho líneas, cuyo contenido se refiere o más bien comunica, una fiesta que debía haberse celebrado el 5 de Marzo de 1780.

Ahora, ateniéndose a los datos tradicionales, las impresiones tipográficas más antiguas del Chile Colonial, parecen haber sido ejecutadas por don José Ignacio Gutiérrez, distinguido alumno del Colegio Carolino, quien poseía una imprenta rudimentaria, tal cual como don José Miguel Lastarria, quien era un aventajado alumno arequipeño de la Universidad de San Marcos, que llegó a Chile en 1777 y que al poco tiempo, fue nombrado catedrático del Colegio Carolino.

También podemos mencionar, al oidor don José de Rezábal y Ugarte, de quien se cuenta, que en 1778 trajo desde el Perú entre su equipaje algunos útiles de imprenta, con objeto de que un impresor, cuyo nombre es hoy en día desconocido, compusiese con caracteres de molde la tesis de su hijo, quien debía rendir un examen ante los doctores de la importante universidad chilena de San Felipe.

Existen antecedentes, que también por esos años, el grabador de la Casa de Moneda don Rafael de Nazábal, disponía de una pequeña prensa con algunas libras de tipos, la cual le servían para imprimir guías de aduana. Recordemos que por ese tiempo, Valparaíso, figuraba todavía como “puerto natural” de la ciudad de Santiago.

Otro antecedente son unas cinco hojas impresas por un solo lado, correspondientes a 1783, de una pequeña imprenta que poseyó el convento de la Recoleta Dominicana, que el segundo provincial, Fray Sebastián Díaz la había hecho traer desde Lima. Se dice que este sacerdote la operaba esta imprenta, como un diestro tipógrafo.

Según la tradición, de esa imprenta salieron algunas cortas oraciones o rezos que solían distribuirse a los fieles, pero esas hojas desaparecieron en su mayor parte con el archivo y casi toda la biblioteca de los recoletos, cuando, en 1813, sus claustros fueron convertidos por la Junta Gubernativa en cuartel de Artillería.

También debemos hacer mención, que en la denominada Universidad de San Felipe, existió una modesta imprenta tipográfica, la cual estuvo a cargo de don José Camilo Gallardo, joven chileno de quien se dice poseía un verdadero entusiasmo para el arte tipográfico, y que a pesar de disponer de muy escasos materiales, pudo, sin embargo, perfeccionar muchísimo la calidad de las impresiones conocidas hasta entonces.

Del taller embrionario de Gallardo, que estaba instalado en un departamento interior de la misma Universidad, se conservan hoy diversas muestras de impresiones, cuya fecha de realización son a contar de 1789.

En ese mismo año, con fecha 4 de Agosto, el Ilustre Ayuntamiento de la capital de la Capitanía de Chile, solicitó del Rey el permiso necesario para establecer una Imprenta, pero el Monarca derivó la resolución de esta petición a la Real Audiencia, pero su respuesta quedó en el olvido.